Los Bonsais

 

Los bonsais son plantas que necesitan muchos cuidados, por ello en esta segunda entrega os doy unos cuantos consejos más en cuanto a la poda, el abono, los transplantes o la clasificación por su tamaño.

El abono.

El más adecuado es el abono orgánico sólido. Hay que abonar sobre todo en primavera y otoño que son los períodos de crecimiento y formación de yemas. Si usáis un fertilizante químico líquido es conveniente seguir las instrucciones del producto porque si se utiliza en exceso, se pueden quemar las raíces del bonsái. En período de reposo vegetativo, es preciso dejar de abonar, salvo que su cultivo sea interior. Los bonsais no se deben abonar cuando estén débiles o enfermos, ni durante los treinta días posteriores a un trasplante o poda.

La poda. Hay dos clases:


Poda de mantenimiento
: sirve para formar poco a poco el bonsái y para acentuar las formas deseadas. Para hacerlo se podan las ramitas cuando tienen 7 u 8 pares de hojas, cortando por encima de los 2 ó 3 primeros pares de hojas. Se han de quitar las hojas amarillas y los brotes del tronco.

Poda drástica o de formación: consiste en podar el bonsái drásticamente para darle la forma que se quiere. La forma más drástica es la que se realiza a los ejemplares en escoba. Cuando se quiere crear este estilo se debe cortar el tronco con una navaja afilada en bisel o cóncavamente para que las ramas que surjan lo hagan desde el mismo punto. Para que éstas crezcan hacia arriba conviene rodear el corte con un cartón opaco que sobresalga unos 5 cm para que las ramitas se dirijan hacia arriba disimulando la cicatriz. En el corte se debe untar la herida con una hormona cicatrizante.

El transplante.

Cada vez que la tierra se haya agotado, cada 2 ó 3 años, es necesario trasplantarlos, dependiendo de la especie y situación de cada ejemplar. Se ha de recortar a la vez parte de las raíces y podar las ramas en una proporción similar. En general, suele hacerse al comienzo de la primavera, justo cuando las yemas están hinchadas pero los brotes aún no se han abierto, cortando entre 1/3 y 2/3 de las raíces, aunque puede haber casos en los que no sea necesario. Esta operación es delicada y si no se está seguro de que el bonsái sobreviva es mejor no podar las raíces o consultar con un aficionado o un profesional. En cualquier caso, el volumen de raíces que dejamos debe ser 1/3 superior al volumen de copa o parte aérea.

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